Cuando viene a sándwiches o empanedados, Ponce es la “Meca” nacional.
Desde mediados del siglo XX los sándwiches de bisté, de pernil, de pulpo, carrucho o camarones se presentaban con el aderezo típico de ketchup y aceite de oliva, el amarillo no el “fancy” verde, aromatizado con ajo.
Por supuesto, el querendón en ese menú, “el bocadillo plain”, como Dios manda.
Sin embargo, el gran ausente en el menú “sandwichero” de Ponce era el “hamburguer”, delicia que rara vez se veía en la ciudad.
La década de los años “60” redefine al “hamburguer” como un producto congelado, preempacado y despachado de forma industrial.
Intentos quijotescos como el Molido Burguer en la calle Ferrocarril trataron de hacerle frente al empuje de la posmodernidad culinaria, pero no duraron mucho.
En fin, que para los que amamos esta modalidad de sándwich, Ponce es un desierto “hamberguil”.
Pero, parece que hay luz en el horizonte.
Por varías semanas La Casa de las Tías se impuso la tarea de rescatar esta delicia sandwichera y se inventaron el “Hamburgon” de los miércoles.
Jugosa carne de primera preparada al punto, ‘medium-rear” o “well-done”. Sin sabores artificiales, solo sabor a carne un poco de sal y pimienta.
Lo mejor del asunto es el precio, entre 6 y 8 dólares dependiendo del queso que se escoja. De paso, con “blue cheese” está espectacular.
Lo otro que hace especial el ‘hamburguer” en la Casa de las Tías, es la variedad de vinos con que se pueden acompañar. Ni hablar de la variedad de tragos y cerveza.
En definitiva cuando viene a alcahueterías siempre se puede contar con las tías. Parece que para Titi Awilda y Titi Chela esas alcahueterías vienen en medio de pan con el queso que uno quiera.
Bendición titís, nos vemos el miercoles.


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