Weblog del Cucharón Boricua

Codorniz guisada: Crónica de una “jartera” anunciada.

Marzo 16, 2008 · Deja un comentario

Una de las máximas de cualquier “epicúreo” confeso es la política de no cachete “let  behind”

Con ese mandamiento en mente, este fin de semana peregrinamos al Pueblo del Café para participar en un acto de reafirmación nacional culinario. Es decir en una “comelata” espectacular.

La madre de una amiga, quien por motivos de seguridad no identificaremos, decidió convocar al alto mando del “Cucharón Boricua” para un ritual de despedida antes de partir al norte por una temporada.

Al llegar, encontramos el campo de batalla listo para la acción y, tras los besos y saludos protocolarios, como buenos “cara de lata” no perdimos tiempo en tomar nuestros lugares para la acción.

Considerando que estamos en medio de la cuaresma se supone que la prudencia y el autocontrol fueran la norma de la noche.

“Ja”

Sin perder tiempo y con la habilidad de un maestro Shaolin, nuestra anfitriona comenzó a sacar aperitivos.  Un platito con albóndigas y sorullitos de maíz.

¡WOW, que olores!. Doña M., nombre de campaña de nuestra anfitriona, demostró de entrada que la cosa era en serio. Tomó las albóndigas que vienen congeladas y las sancochó a fuego lento en una espectacular salsa criolla, produciendo así una delicia sin igual.

Sin mucho miramiento, el grupo devoró lasbolitas de carnes, que en manos de doña M, como Lazaro resucitaron a la gloria de la vida.

Es en este momento que la extraña combinación de albóndigas y sorullitos hizo sentido. Cuando se terminaron las albóndigas, los sorullitos sirvieron para recoger toda la salsita que sobraba en el plato.

No bien se terminó con las albóndigas, la realidad de la verdadera batalla se descubría ante nosotros.

Un plato con una gallina codorniz guisada, no al horno, rellena de mofongo y presentada con ensalada. Esto último para decorar por supuesto. Además, como refuerzo al poder de ataque de las codornices, arroz congrí, como lo hacen los cubanos.

La lenta cocción del guiso hace que esta ave de presa quede increíblemente tierna, de solo tocarlas se desmiembra revelando el intenso sabor cultivado por la lenta confección.

En fin que casi una hora más tarde, allí yacían vencidos los comensales. A pesar del más alto sentido del deber, los componentes del politburó culinario del Cucharón no pudieron terminar la tarea impuesta.

En ese momento, como forma de establecer claramente su supremacía sobre los vencidos, doña M. acertó el golpe final. De la nevera salió un flan de queso hecho en la casa que no tiene descripción. Lo siento Chef Pedro.

Así las cosas, humildemente el Cucharón Boricua se arrodilla y reconoce la maestría de doña M y le confiere su más alto galardón, la Orden del Cucharón Dorado.

Este reconocimiento no es por la comida, ni mucho menos por la técnica culinaria, es por la oportunidad de la experiencia. La ancestral expericia de disfrutar el uno del otro sentados en torno a una mesa de alimentos y  simplemente a gozar el placer de estar vivos.

Gracias y  buen viaje M, esperamos su pronto regreso…

Categorías: Crónicas gastronómicas
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