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¿Con que hay un chico nuevo en el barrio?

Tras leer en el Periódico La Perla del Sur que la comida en el nuevo restaurante Canela Café es algo espectacular, decidí hacer a un lado mis prejuicios y preferencias por el “bajo mundo” culinario y visitar este nuevo antro de “fine dining”.

Digo, no soy de ponerme con jaiberías y finezas para comer, pero la oportunidad de chuparme bien duro un par de langostinos no se podía dejar pasar, aun cuando tuviera que vestirme, como decía mi abuela.

Por suerte para mi y como llegué temprano, todavía no había gente en el salón comedor.

Me senté dije a la mesera, “¿si el chef no está ocupado, usted cree que el pudiera pasar por la mesa?”.

Minutos más tarde hace su entrada este tipo, bajito, trigueño y con una sonrisa que recordaba a su compueblano, Louis Armstrong.

“¿Chef Gorge Sittig, I presume?”

Muy cortésmente se presentó. Me presenté y le expliqué que leí el artículo en el periódico pero que quería saber si es cierto que “there is a new kid on the block”.

Sin más, lo mire a los ojos con cara de Iron Chef durante la cortina de presentación y le dije: “well, let see what you have? Hit me with your best shot…

La sonrisa desapareció de su cara y con la seriedad de Clint Eastwood en el clasio “the good the bad and the ugly”, me dijo: “¿Meat or fish?”. A lo que respondí, “your call”.

Sus ojos brillaron ante el reto y de inmediato desapareció en la cocina.

Tras el intercambió, la mesera trato de suavizar el terreno, preguntando si deseabamos algo para beber. Le respondí, que sea el Chef quien determine lo que debo beber.

Pasado un rato, llegaron dos platos, uno para mi y otro para mi acompañante.

Uno con las bolitas de cangrejo y queso del país, sabrosas pero era de esperarce, ya La Perla las reseñó.

Para mi sin embargo,  llego un plato dividido en tres.

Tres lascas de Sachimi de Atún rojo y dulces como las morras rojas, presentado sobre un wong ton y coronando tres delicias orientales.

La primera de estas delicias un kimchi coreano, la segunda, calamar macerado en especias y salsa teriyaki hecha en casa,  por último una ensalada de algas en aceite de ajonjolí.

El plato era un viaje gastronómico por los sabores y aromas del Asia. El pique del kimchi, la dulzura del calamar, se complementaba de maravilla por la refrescante ensalada de algas.

Para dejar claro que el chef hablaba culinariamente en serio, envió una copita con un calientito sake de ciruela, que le dio el toque final a está entrada.

Al rato, la elegante pero simpática mesera, regresó con dos copas de chardonnay, presagio de que mariscos sería el plato fuerte.

Error, lo que venía si era marisco, pero no era el plato fuerte. El segundo aperitivo, nos llevó, mas profundamente a Tailandia. Langostinos en salsa tailandesa servidos junto a tres bolitas de arroz pega’o.

En la reseña del periódico, describieron este plato como “juguetón”. ¿Juguetón?  Este plato es sensual, erótico, pornográfico.

Comerlos con las manos, chupar los cascos, saborear los jugos que le corren por la mano como resultado del entercado.

Oh Dios, que cosa más maravillosa. Esa salsa productos de los jugos de crustáceo y las especies es lo más cercano que se puede llegar a una experiencia erótica con ropa y en un salón comedor en medio de la gente.

En medio del proceso de recobrar la compostura y el pulso, tras la experiencia hedónica,  casi eróticamente vergonzosa, llegaron a la mesa dos copitas con oporto.

Lo próximo tenía que ser “hard core”, el oporto no es para los nenes.

“Antes del plato fuerte, el chef quiere que prueben un plato que incorporaremos al menú esta semana”

“The guy is good”, el tipo nos envió dos fuentecitas cada una cargando la más cremosa papa majada que uno pueda imaginar con un trozo del más tierno y suculento “pull pork”. Verdaderamente un maravilloso ejemplo del llamado Confort Food americano.

El tipo es maquiavélico, comer esto después de la orgía erótica gastronómica de los langostinos es como ir con tu novia de visita para Thanksgiving a casa de tus padres y sentarte a comer inocentemente con la familia, sabiendo que pasaste la noche teniendo las más depravadas relaciones en el cuarto donde creciste.

Así de bueno estaban los camarones y así de “confort” estaba el puerco con la papa majada. ¡GENIAL, TERRIBLE y ASTUTAMENTE GENIAL!

Sin embargo, Chef Sittig no estaba satisfecho. Nos tenía en la lona, pero no hubo misericordia.

Nos llevÓ vez al éxtasis, nos trajo de vuelta solo para comenzar de nuevo el viaje.

En ese momento, llegaron dos cañas de cerveza. El chef quiere su opinión sobre esta sopa de chorizo que también se añadirá al menú.

De inmediato desplegaron dos platos hondos con una espesa sopa de fideo y chorizos que encapsulaban los más diversos sabores tailandeses, balance perfecto entre dulce y picante.

A pesar de que en este momento ya mi cuerpo se resistía a seguir comiendo, la mente y el hedonismo pudieron más. Como adolescente recién enamora’o, sucumbimos a la tentación y le metimos mano al palto que con la cerveza iba ¡brutal!

En este punto, estábamos listos para conceder la victoria, Chef Sittig dejaba claro que estaba aquí para quedarse.

Sin embargo, los planes del Chef eran otros, el mismo regresó a la mesa con dos platos. 

Este era su momento y como victorioso guerrero se disponía a sentarse para disfrutarlo.

Las opciones del Chef encarnaban el delicado balance del Ying y el Yan oriental.

Por un lado, uno de los platos presentaba un delicado filete de mero, “poached” en fino y sutil jugo de parcha, servido término  “medio cocido” sobre majado de yuca.

El otro plato, consistía de unas robustas costillas de cordero grilladas a término crudo, aderezadas con hojas de menta y servidas sobre una guarnición de batata dulce con todos los aromáticos sabores del sur de los estados unidos. 

La batata era embrujadora, mística, envuelta en los exóticos sabores de vainilla, canela y clavos, evocaba los sabores de los desayunos sureños americanos, de las dulcerías italianas en Nueva York, o los fuertes sabores y olores que los británicos se robaron de los países que bordean el mar Índicos.

Una sola palabra para describirla, “PERFECCIÓN”.

Después de eso, no hay nada mas que decir.  No es correcto decir que hay “un nuevo chico en el barrio” como decía La Perla del Sur, lo que en verdad hay es un nuevo Sheriff en el pueblo.

Ahora solo resta que lo sepamos apreciar. Ya yo di al frente.

Fotos en:
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